Tu calmas mi angustia,
alegras mi alma,
refresas mi sed.
Das aliento a mi pecho
y luz a mi oscuridad.
Sin ti nada sería igual.
Te siento en cada una de las letras.
Me enseñas, me ayudas.
Sin ti no podría vivir.
Te llevo dentro y expresarme en tí es mi vida.
Desde siempre te he llevado conmigo
y siempre tú me has salvado.
Mis dedos son tus esclavos
y mis sentimientos, tu voz.
Me acaricias. Me haces temblar.
Todo tú, soy yo.
jueves 15 de julio de 2010
lunes 5 de julio de 2010
Te echo de menos.
¿Cuanto tiempo tardará en desaparecer este dolor? ¡Estabas tan lleno de vida! Miro tu foto y parece que me observas.Ahí, callado, sonriente. Todavía siento el último abrazo que me diste.Y recuerdo con dolor y cariño tus palabras diciendo que nos querías.
Mañana hará un mes de aquel momento en que supliqué que dejaras de sufrir. Mañana hará un mes en que me miraste por ultima vez.
Aprendí a no ser egoista, a dejarte marchar. Aprendí que tenerte aquí calmaba mi alma pero no tu angustia.
Todavía tengo el olor de tus manos en mi recuerdo.Manos que pude agarrar en el final de tu camino.
Fuiste fuerte, muy fuerte. Y luchaste hasta que tu cuerpo no pudo más. Se que deseabas vivir, estar con nosotros.
La vida nos ha dado una bofetada, pero tranquilo: siempre seguirás con nosotros.
Te quiero, yayo. ¡Te quiero!
Mañana hará un mes de aquel momento en que supliqué que dejaras de sufrir. Mañana hará un mes en que me miraste por ultima vez.
Aprendí a no ser egoista, a dejarte marchar. Aprendí que tenerte aquí calmaba mi alma pero no tu angustia.
Todavía tengo el olor de tus manos en mi recuerdo.Manos que pude agarrar en el final de tu camino.
Fuiste fuerte, muy fuerte. Y luchaste hasta que tu cuerpo no pudo más. Se que deseabas vivir, estar con nosotros.
La vida nos ha dado una bofetada, pero tranquilo: siempre seguirás con nosotros.
Te quiero, yayo. ¡Te quiero!
miércoles 12 de agosto de 2009
Desterrados.
Desterrados hijos de la vida
que destrozáis en mí vuestras frustraciones.
Queréis vivir en ella
pero no podeis porque estáis muertos.
Vuestro corazón late pero no tiene rumbo.
Creeis que sois más porque vivís en los triunfos
de vuestros hijos.
Pero no sois nada.
Vuestros labios de hiel se camuflan entre abrazos
que duelen y no dejan respirar.
Y apretáis, apretáis duro
pensando que así sois más fuertes.
Pero aún así, aunque os aferráis...
Seguís muertos.
que destrozáis en mí vuestras frustraciones.
Queréis vivir en ella
pero no podeis porque estáis muertos.
Vuestro corazón late pero no tiene rumbo.
Creeis que sois más porque vivís en los triunfos
de vuestros hijos.
Pero no sois nada.
Vuestros labios de hiel se camuflan entre abrazos
que duelen y no dejan respirar.
Y apretáis, apretáis duro
pensando que así sois más fuertes.
Pero aún así, aunque os aferráis...
Seguís muertos.
jueves 26 de febrero de 2009
La cena.
Aparto la copa de mi rostro mientas intento arrastrar por mi garganta el último sorbo de vino. Los segundos pasan despacio, pero mi respuesta tarda en llegar. Miro a los lados. Observo que nadie se ha fijado en mí y respiro aliviada.
- Sí, lo sabía. Sabía todo mucho antes de que ocurriera.
Sara baja la mirada mientras retuerce con fuerza la vieja servilleta blanca. El bullicio de la gente se apodera de nuestro espacio. Ella no dice nada.
Dos minutos después se acerca el camarero y nos pregunta si queremos otra botella.
- Pues… –Miro a Sara temiendo equivocarme con mi respuesta mientras arrasco suavemente mi nuca-.
- Sí, por favor. – Responde Sara- Y esté atento a traernos otra cuando ésta se acabe. Ebria lo aceptaré mejor.
El camarero se marcha sin pasar desapercibido. Antes recoloca la flor en el centro de la mesa.
- Sara, yo…Esperaba que te dieras cuenta por ti misma. Estas cosas no cambian de un día para otro y se demuestran a cada paso.
- ¡No digas tonterías! – La voz fría y tajante de Sara penetra en mis oídos provocando un estruendo en mi estómago. Mientras, Sara tira con rabia la servilleta sobre el mantel y apoya el codo sobre la mesa mientras se pasa la mano por su rostro con crudeza.
En silencio acerco mi mano lentamente para acariciar su brazo. Pero ella se aparta con brusquedad apoyando su espalda plenamente sobre el respaldo de la silla. Me mira fijamente, seria, silenciosa. Bajo la mesa mueve con rapidez uno de sus pies, están cruzados el uno sobre el otro. Mi corazón se acelera, pero no se me ocurre qué decir. Sólo espero.
Mientras tanto, el mundo sigue a nuestro alrededor. El restaurante está al completo. Es un local pequeño pero espacioso. Con 15 mesas redondas. Todas iguales. Mantel salmón, servilletas blancas, copas estrechas, cubiertos grabados y una magnolia en el centro. Hay cuatro grandes ventanales de cristal opaco y una barra de bar de reducido tamaño donde sólo pueden estar los camareros. Las risas y conversaciones de la gente son difíciles de diferenciar. Parece que todos hablan a la vez.
Había reservado una mesa apartada, discreta. Y allí estábamos, en la mesa más alejada del bullicio de la gente, justo al lado de los aseos. Un lugar nada perfecto para conquistar a una mujer.
El camarero se acerca, rellena nuestras copas. Nos mira, sonríe y se aleja con la misma indiferencia con la que había llegado. Sin duda me resulta peculiar. Es un hombre joven, de gran estatura, robusto, pelirrojo, con ojos verdes y una sonrisa irónica marcada en su enorme boca.
Me centro de nuevo en Sara, quien no para de morderse las uñas, lo cual me resulta extraño, nunca lo había hecho antes. Me sudan las manos. De nuevo paso la mano por mi nuca, esta vez suavemente. Siento calma.
- No lo entiendo. Sólo era un juego. Nada iba en serio. – Sus manos me distraen, no para de gesticular, las mueve de un lado a otro sin sentido.
- Pero acuérdate de hace 5 años, en el viaje a Palma.¡Fue el comienzo! –Mis manos se abren suplicando comprensión.
- ¡Éramos unas crías! Nada era real. – Me dice Sara mirando hacia un lado.
- Entonces, lo de ayer, no lo era, ¿no? – Mi voz tiembla. Mis músculos están rígidos, engarrotados. Siento frío.
Sara guarda silencio de nuevo. Por un momento odio la vida, el restaurante, la cena… Le la odio a ella.
- No tiene nada que ver. Era un día especial. Teníamos algo que celebrar y no teníamos a nadie más que la una a la otra. – Mientras habla, pasa los dedos de su mano derecha por la palma de la otra.- Todo se puede malinterpretar.- Añade.
- ¿Era real o no lo era? – Insisto impaciente. Noto mis axilas empapadas de sudor.
- Algo es real cuando dejas que lo sea. No siempre es fácil. Además, tú no pareces segura.¿Por qué bajas la voz para evitar que te oigan?
- No es por mí. Es por ti. – La miro con dulzura.
De repente aparece el camarero.
- No tardaremos en cerrar. ¿Desean café?
- No, gracias. – Respondo sin mirarle.
- Observo que no han terminado la botella. ¿Anulo la petición anterior? – El camarero interrumpe jocoso.
- Sí, anule el vino. Gracias.- Siento como los agujeros de mi nariz se hinchan para coger aire.
- ¿Quieren la cuenta? – Insiste el camarero.
- Sí, sí. Traiga la cuenta. – Instintivamente le indico con la mano que se marche.
Sara, está con la cabeza cabizbaja.
- Sara… yo…- Intento decir algo acertado.
- Su cuenta señoras. ¿Será en efectivo o con tarjeta?
Irritada, saco dinero del bolsillo. Se lo entrego y le indico que se quede los cambios.
Sara comienza a llorar y me pregunta sin levantar la cabeza:
- Entonces. ¿Por qué dejaste que me casara?
No tengo palabras. Le agarro fuertemente la mano y comienzo a llorar.
- Señoras. Vamos a cerrar. Gracias por su visita y vuelvan pronto. Si lo desean tenemos pañuelos de papel en el baño.
- Sí, lo sabía. Sabía todo mucho antes de que ocurriera.
Sara baja la mirada mientras retuerce con fuerza la vieja servilleta blanca. El bullicio de la gente se apodera de nuestro espacio. Ella no dice nada.
Dos minutos después se acerca el camarero y nos pregunta si queremos otra botella.
- Pues… –Miro a Sara temiendo equivocarme con mi respuesta mientras arrasco suavemente mi nuca-.
- Sí, por favor. – Responde Sara- Y esté atento a traernos otra cuando ésta se acabe. Ebria lo aceptaré mejor.
El camarero se marcha sin pasar desapercibido. Antes recoloca la flor en el centro de la mesa.
- Sara, yo…Esperaba que te dieras cuenta por ti misma. Estas cosas no cambian de un día para otro y se demuestran a cada paso.
- ¡No digas tonterías! – La voz fría y tajante de Sara penetra en mis oídos provocando un estruendo en mi estómago. Mientras, Sara tira con rabia la servilleta sobre el mantel y apoya el codo sobre la mesa mientras se pasa la mano por su rostro con crudeza.
En silencio acerco mi mano lentamente para acariciar su brazo. Pero ella se aparta con brusquedad apoyando su espalda plenamente sobre el respaldo de la silla. Me mira fijamente, seria, silenciosa. Bajo la mesa mueve con rapidez uno de sus pies, están cruzados el uno sobre el otro. Mi corazón se acelera, pero no se me ocurre qué decir. Sólo espero.
Mientras tanto, el mundo sigue a nuestro alrededor. El restaurante está al completo. Es un local pequeño pero espacioso. Con 15 mesas redondas. Todas iguales. Mantel salmón, servilletas blancas, copas estrechas, cubiertos grabados y una magnolia en el centro. Hay cuatro grandes ventanales de cristal opaco y una barra de bar de reducido tamaño donde sólo pueden estar los camareros. Las risas y conversaciones de la gente son difíciles de diferenciar. Parece que todos hablan a la vez.
Había reservado una mesa apartada, discreta. Y allí estábamos, en la mesa más alejada del bullicio de la gente, justo al lado de los aseos. Un lugar nada perfecto para conquistar a una mujer.
El camarero se acerca, rellena nuestras copas. Nos mira, sonríe y se aleja con la misma indiferencia con la que había llegado. Sin duda me resulta peculiar. Es un hombre joven, de gran estatura, robusto, pelirrojo, con ojos verdes y una sonrisa irónica marcada en su enorme boca.
Me centro de nuevo en Sara, quien no para de morderse las uñas, lo cual me resulta extraño, nunca lo había hecho antes. Me sudan las manos. De nuevo paso la mano por mi nuca, esta vez suavemente. Siento calma.
- No lo entiendo. Sólo era un juego. Nada iba en serio. – Sus manos me distraen, no para de gesticular, las mueve de un lado a otro sin sentido.
- Pero acuérdate de hace 5 años, en el viaje a Palma.¡Fue el comienzo! –Mis manos se abren suplicando comprensión.
- ¡Éramos unas crías! Nada era real. – Me dice Sara mirando hacia un lado.
- Entonces, lo de ayer, no lo era, ¿no? – Mi voz tiembla. Mis músculos están rígidos, engarrotados. Siento frío.
Sara guarda silencio de nuevo. Por un momento odio la vida, el restaurante, la cena… Le la odio a ella.
- No tiene nada que ver. Era un día especial. Teníamos algo que celebrar y no teníamos a nadie más que la una a la otra. – Mientras habla, pasa los dedos de su mano derecha por la palma de la otra.- Todo se puede malinterpretar.- Añade.
- ¿Era real o no lo era? – Insisto impaciente. Noto mis axilas empapadas de sudor.
- Algo es real cuando dejas que lo sea. No siempre es fácil. Además, tú no pareces segura.¿Por qué bajas la voz para evitar que te oigan?
- No es por mí. Es por ti. – La miro con dulzura.
De repente aparece el camarero.
- No tardaremos en cerrar. ¿Desean café?
- No, gracias. – Respondo sin mirarle.
- Observo que no han terminado la botella. ¿Anulo la petición anterior? – El camarero interrumpe jocoso.
- Sí, anule el vino. Gracias.- Siento como los agujeros de mi nariz se hinchan para coger aire.
- ¿Quieren la cuenta? – Insiste el camarero.
- Sí, sí. Traiga la cuenta. – Instintivamente le indico con la mano que se marche.
Sara, está con la cabeza cabizbaja.
- Sara… yo…- Intento decir algo acertado.
- Su cuenta señoras. ¿Será en efectivo o con tarjeta?
Irritada, saco dinero del bolsillo. Se lo entrego y le indico que se quede los cambios.
Sara comienza a llorar y me pregunta sin levantar la cabeza:
- Entonces. ¿Por qué dejaste que me casara?
No tengo palabras. Le agarro fuertemente la mano y comienzo a llorar.
- Señoras. Vamos a cerrar. Gracias por su visita y vuelvan pronto. Si lo desean tenemos pañuelos de papel en el baño.
Tu recuerdo.
Olor a lejía en tus manos.
Dulces recuerdos
que viven amargos.
Un, dos, tres, cuatro.
Abro los ojos. No estás.
Vives en mi memoria
pero no en mi vida.
Presenciaste mis primeros pasos
y yo tus últimos.
Acariciaste la vida
y ahora yo la acaricio.
Te añoro.
Te veo en mis sueños.
Olor a lejía en tus manos.
El calor de tu hogar.
Llanto tras las paredes.
De nuevo, recuerdo que no estás.
No quiero gritar al olvido.
Un, dos, tres, cuatro.
Cierro los ojos. Sonrío.
Olor a lejía en tus manos.
Dulces recuerdos
que viven amargos.
Un, dos, tres, cuatro.
Abro los ojos. No estás.
Vives en mi memoria
pero no en mi vida.
Presenciaste mis primeros pasos
y yo tus últimos.
Acariciaste la vida
y ahora yo la acaricio.
Te añoro.
Te veo en mis sueños.
Olor a lejía en tus manos.
El calor de tu hogar.
Llanto tras las paredes.
De nuevo, recuerdo que no estás.
No quiero gritar al olvido.
Un, dos, tres, cuatro.
Cierro los ojos. Sonrío.
Olor a lejía en tus manos.
lunes 24 de noviembre de 2008
25 Nov- Día internacional contra la violencia de género.
Chssssssss... Escucha. Son las risas de los niños, hombres y mujeres que han conseguido salir de la tormenta. Deja que te invada su alivio. Y sonríe. Sonríe mucho. Pues tu sonrisa puede enseñar a los demás que vivir merece la pena.
domingo 23 de noviembre de 2008
Cartas para el ayer.
Hola de nuevo, mi añorado y dulce amor. Otra vez he vuelto a recordarte sin saber realmente lo que siento. Recuerdo aquellos momentos como si fuera ahora y me llenan de ilusión. Desearía que no hubiera acabado así.
Las imágenes se me representan como fotografías en mi cerebro. Recuerdo tu mirada como si me estuvieras observando en este momento. El calor de tus manos agarrando las mías. De nuevo el exterior desaparece a nuestro alrededor como si estuviéramos los dos juntos, perdiéndonos cada uno en la mirada del otro. También recuerdo mis sueños, aquellas ilusiones que puse en nuestra relación y nunca llegaron, quizá porque sólo yo las tenía.
He de reconocer, y no creas que lo digo por despecho, que todavía dudo en lo que siento. Se que te quise mucho pero no se si era a ti o a la imagen que yo cree de ti. Mi cabeza quiere pensar que todo era un engaño, pero mi corazón le convence con la fuerza de sus latidos cuando te recuerdo. No se lo que pasó y mentiría si te digo que no quiero saberlo. Conociéndote, tus palabras no tendrán significado para mí, aunque mi corazón pida a gritos que te crea.
Es muy bonito vivir soñando, pero muy duro volver a la realidad. Aunque yo lo prefiero así, no quiero que mi vida sea una mentira. Quiero mi propia verdad.
Sólo recuerda que , seas quien seas, alguna vez te quise.
Las imágenes se me representan como fotografías en mi cerebro. Recuerdo tu mirada como si me estuvieras observando en este momento. El calor de tus manos agarrando las mías. De nuevo el exterior desaparece a nuestro alrededor como si estuviéramos los dos juntos, perdiéndonos cada uno en la mirada del otro. También recuerdo mis sueños, aquellas ilusiones que puse en nuestra relación y nunca llegaron, quizá porque sólo yo las tenía.
He de reconocer, y no creas que lo digo por despecho, que todavía dudo en lo que siento. Se que te quise mucho pero no se si era a ti o a la imagen que yo cree de ti. Mi cabeza quiere pensar que todo era un engaño, pero mi corazón le convence con la fuerza de sus latidos cuando te recuerdo. No se lo que pasó y mentiría si te digo que no quiero saberlo. Conociéndote, tus palabras no tendrán significado para mí, aunque mi corazón pida a gritos que te crea.
Es muy bonito vivir soñando, pero muy duro volver a la realidad. Aunque yo lo prefiero así, no quiero que mi vida sea una mentira. Quiero mi propia verdad.
Sólo recuerda que , seas quien seas, alguna vez te quise.
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